El auge actual de la inteligencia artificial (IA) ha sido posible gracias a un salto extraordinario en la capacidad de procesamiento computacional. Entrenar modelos avanzados, como los LLMs (Modelos de Lenguaje de Gran Escala), exige hardware de alto rendimiento, eficiencia energética y plataformas escalables.
NVIDIA, antes enfocada en tarjetas gráficas para videojuegos, lidera ahora el desarrollo de infraestructura para IA. Su éxito se basa en:
GPUs potentes (como A100 y H100)
Plataformas de cómputo como DGX
Software especializado (CUDA, TensorRT)
También ha crecido de forma impresionante en el mercado bursátil, con un aumento acumulado del +1,500% en 5 años, reflejando su papel central en esta revolución tecnológica.
Se requieren cientos de millones de dólares.
El mayor costo (40–50%) está en la infraestructura (GPUs, TPUs, servidores).
También se invierte en energía, expertos, datos y software.
Empresas como OpenAI usan supercomputadores como el HPE Cray EX para estos entrenamientos.
En una década, sus GPUs pasaron de 4 a 4000 TOPS (billones de operaciones por segundo), gracias a mejoras en arquitectura, eficiencia energética y tipos de precisión como FP32, FP16 e Int8. Esto permite una inferencia rápida, económica y escalable.
El control de los chips de IA se ha convertido en un asunto geopolítico:
EE.UU. impuso sanciones a China, restringiendo ventas de chips como el H100 y H20.
China respondió invirtiendo en autosuficiencia tecnológica, con empresas como Huawei y DeepSeek desarrollando chips y modelos propios.
Esta guerra silenciosa definirá quién lidera la próxima revolución industrial basada en IA.
Las CPU procesan en serie (más lentas).
Las GPU procesan en paralelo (miles de núcleos), lo que acelera tareas como el entrenamiento de modelos.
Las GPU son fundamentales para el desarrollo de la IA moderna.